Extintores portátiles: clases de fuego, mantenimiento y los errores que más se repiten
Una herramienta de primer ataque, no de extinción
El extintor portátil está pensado para fuego incipiente: los primeros dos minutos, cuando todavía hay un objeto que arde y no un ambiente comprometido. La NFPA 10 lo plantea sin vueltas en su capítulo de entrenamiento: si el fuego ya superó el tamaño de un cesto grande de residuos, si hay humo denso ganando altura o si no se controla con dos matafuegos, el procedimiento correcto es retirarse y trabajar con línea. Buena parte del daño que vemos en siniestros vecinales no lo causó el fuego, sino la demora de alguien que insistió con un matafuego de 1 kg.
Clases de fuego: cuidado con el desfasaje entre normas
Esto genera confusión real en los cuarteles, porque en Argentina conviven etiquetas de tres sistemas distintos.
- Clase A — sólidos celulósicos: madera, papel, textiles, goma. Generan brasa profunda y exigen enfriamiento, no solo sofocación.
- Clase B — líquidos inflamables y sólidos licuables: nafta, solventes, alcoholes, parafinas.
- Clase C — acá está la trampa. Para IRAM y EN 2, la clase C son gases inflamables (GLP, metano, acetileno). Para NFPA 10, la clase C son equipos eléctricos energizados. Un extintor rotulado “C” bajo norma europea no te está garantizando aptitud dieléctrica.
- Clase D — metales combustibles: magnesio, viruta de aluminio, titanio, sodio, litio metálico.
- Clase F (IRAM/EN) o K (NFPA) — aceites y grasas de cocción.
Sobre el riesgo eléctrico: la EN 3-7 no crea una clase, define un ensayo dieléctrico en el que el extintor se descarga contra una placa a 35 kV desde 1 metro sin conducir. Por eso la aptitud sobre tensión aparece como pictograma y leyenda de distancia mínima, nunca como una letra suelta.
Qué agente conviene en cada caso
- Polvo ABC (fosfato monoamónico): el caballito de batalla. Funde alrededor de los 180 °C y forma una costra vítrea que sella la brasa. Es extremadamente sucio y corrosivo sobre electrónica y aleaciones de aluminio.
- Polvo BC (bicarbonato de sodio o de potasio): el de potasio, el clásico Purple-K, es del orden del doble de eficaz que el de sodio en clase B, pero no sirve contra brasa.
- CO₂: no deja residuo, ideal para tableros, laboratorios y salas de equipos. Sublima a −78 °C, así que nunca se toma el difusor por la parte metálica. En recinto confinado desplaza oxígeno: es un agente que puede matar al operador.
- Agua con aditivo y espuma AFFF: muy buenos en clase A y en derrames de clase B, prohibidos sobre equipos energizados.
- Clase F (acetato de potasio): saponifica el aceite y forma una manta jabonosa. El aceite de fritura se autoenciende cerca de los 360 °C y retiene calor, de modo que sin saponificación vuelve a encenderse solo. Agua sobre aceite caliente produce proyección violenta de vapor y aceite en llamas.
- Clase D: cloruro de sodio o grafito, aplicados a baja presión y a corta distancia, para no dispersar el metal encendido.
Potencial extintor y distribución
El número que precede a la letra (4A, 40B) no indica la capacidad del cilindro: es el resultado de un ensayo normalizado sobre hogares patrón. Dos matafuegos de 5 kg de marcas distintas pueden declarar potenciales bien diferentes, y ese dato —no los kilos— es el que hay que mirar en el relevamiento.
Para distribución, el Decreto 351/79, reglamentario de la Ley 19.587 de Higiene y Seguridad en el Trabajo, en su Anexo VII, capítulo 18, exige como mínimo un matafuego cada 200 m² de superficie a proteger, con potencial mínimo 1A y 5BC, y fija una distancia máxima a recorrer de 20 m para clase A y 15 m para clase B. La NFPA 10 es más estricta en clase B: 9,1 m en riesgo alto. El montaje habitual deja la manija a unos 1,50 m del piso y la base a no menos de 10 cm, con chapa baliza visible desde cualquier punto del sector.
Mantenimiento: lo que pide la IRAM 3517-2
- Control visual mensual, a cargo del propio usuario: precinto intacto, manómetro en zona verde, manguera sin fisuras ni obstrucción, acceso libre, tarjeta vigente.
- Mantenimiento anual por empresa registrada, con sello, tarjeta y constancia.
- Prueba hidráulica del recipiente cada 5 años, con la fecha grabada o estampada sobre el cilindro.
La NFPA 10 maneja intervalos hidrostáticos por agente: 5 años para agua, espuma, químico húmedo y CO₂, y 12 años para polvo químico a presión permanente. Si el cuartel incorpora equipo importado, conviene verificar qué régimen declara la etiqueta antes de armar el cronograma.
Errores comunes que vemos en la práctica
- Apuntar a las llamas. El chorro va a la base del fuego, barriendo en abanico y avanzando recién cuando el frente cede.
- Desconocer el tiempo real de descarga. Un ABC de 1 kg se vacía en 6 a 8 segundos, uno de 5 kg en 13 a 15, uno de 10 kg en torno a los 20. Quien nunca descargó uno completo subestima lo corto que es.
- Confiar ciegamente en el manómetro. La aguja en verde solo informa presión: el polvo puede estar compactado en el fondo y salir el propelente casi limpio.
- Distancia mal elegida. Polvo: 2 a 3 m. CO₂: 1 a 1,5 m, porque más lejos el chorro pierde densidad. Espuma sobre derrame: aplicación indirecta contra pared o por rebote, nunca chorro directo que disperse el combustible.
- Atacar sin salida asegurada. Siempre con la vía de escape a la espalda y el viento a favor.
- Retirarse dando la espalda al fuego antes de confirmar que no hay reignición.
- Usar CO₂ en exterior con viento, donde pierde casi toda su eficacia.
- Dar por terminada la intervención sin control térmico. La brasa clase A se reactiva: hay que remover, enfriar y verificar, con cámara térmica si está disponible.
- Devolver al móvil un extintor accionado. Todo matafuego que se disparó, aunque haya sido un segundo, pierde presión y va a recarga.
El matafuego bien elegido, bien ubicado y con mantenimiento al día resuelve el incidente que nunca llega a ser incendio. El resto es trabajo de dotación.